287. Cercanos al hueso

Lester Daniel Fernández Ballester

 

Tiago camina entre los olivares. Divisa la casona a lo lejos, algunos cuerpos en movimiento y el sonido de un tractor. Está cansado. Lleva años así. Sufre de un cansancio irremediable. No hay noche que le dure, ni siesta que lo enderece. Pero sigue entre los árboles escuetos, entre el suelo arenoso que por increíble que parezca no se evapora.

Ayer llovió en su memoria. Una oliva se formó finalmente en su mano, pero esa fruta se la llevó un temporal. La memoria siempre le hace eso.

El hombre errante entre el sembrado se detiene a observarse las manos y los pies descalzos. Están flacos, cercanos al hueso. «Es pellejo corrugado» se dice. Pero levanta la mirada al cielo y el sol finalmente no le hace daño.

Entonces una visión lo atraviesa, una idea se le estampa en el entrecejo: hoy volverá a llover y no será en mi memoria.

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