282. Oración del domingo

Soco

 

Cuando miento “al Domingo” hablo del nene mayor de DoñaCarmen; el que le nació rico y listo y se volvió tonto con las ciciones porque, según dice DoñaCarmen, las calenturas le hincharon la sesera por encima de la cabida de la chola y, en el roce con la osamenta, se le atoró el entendimiento.

Yo, como nací tonto, hago buenas migas con ElDomingo gracias a sus ciciones. Hasta nos cambiamos lo que habemos. Él cada tarde saca al escalón de su casa un hoyo de pan y aceite. Yo, como lo único que tengo es verbosidad bien pringada, le he regalado la oración que me dejó mi madre de herencia:

Padre nuestro, que estás en los cielos: ¿No podrías darte una vueltecilla por la tierra? No es que vaya a pedirte que apañes nada, que no es tu tarea. Es para que veas cómo nos trastornamos sin precisar de tus mañas, haciendo que los tontos sirvan a los listos de balde, con tal de que los listos nos llenen la alcuza cuando se emperran en que siga marchando el engranaje.

Yo rezo la oración; ElDomingo dice ¡Amén!

Luego entre los dos tontos nos repartimos el hoyo de pan y aceite.

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