277. La rebelión de Don Picual

Enamorats_de_Sellent

 

Llevaba tres siglos resistiendo reyes y sequías, y Don Picual no iba a permitir que el joven olivarero lo cambiara por una hilera de «fideos» superintensivos. En cuanto la excavadora se asomó, el olivo tensó sus raíces y reventó la tubería principal: un mar de lodo sepultó la máquina y dejó a los obreros embarrados hasta los dientes.

Poco después apareció el comprador, dispuesto a llevarse el árbol centenario como adorno para su chalet de lujo. Don Picual le soltó una ráfaga de polen directo a las narices, le voló el peluquín con un zurriagazo y le azuzó un enjambre de avispas. En la huida, el capitalista estampó su coche contra el transformador, dejando a todo el pueblo a oscuras.

Exhausto y entre ruinas, el joven olivarero se acercó al olivo monumental y sonrió con un «has ganado». Acto seguido, clavó junto al tronco un cartel: «Patrimonio Protegido».

Satisfecho, Don Picual hizo emanar un hilo de oro líquido por uno de los huecos de su tronco. El joven probó una gota y el caos de la finca se disipó al instante: Don Picual le entregaba el elixir de la felicidad como un tratado de paz.

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