269. La visita pendiente

M. Angeles Urda Anguita

 

Mi abuela tenía olivas. Nunca fui a verlas de niña. Ella me insistía en que fuera, pero a mí me parecía cosa de viejos. Cuando mi abuela murió, mi madre las vendió porque decía que todo fueron peleas y disgustos entre sus hermanos. A menudo lloraba por eso. Me decía que eran asuntos de mayores y que yo no lo entendería.

Ahora yo he crecido y la vida me ha llevado lejos de Jaén. Y cuando vuelvo a casa y cruzo Despeñaperros, pienso que ahora yo también soy mayor y que echo mucho de menos a mi abuela. Y que daría lo que fuera por pasear con ella, cogida de la mano, entre aquellos viejos olivos.  Y que daría todo lo que tengo porque me explicara por qué esas tierras fueron más importantes que el amor por su familia.

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