261. Nobles Olivos

Maru Mor

 

Esta es la historia de un pueblo olivero, en sequía, al sur del país. Sus viejos y nobles olivos eran cuidados como si fueran piezas de oro.

Y un día, llovió.

Los meteorólogos hablaban de un fenómeno inusual, pero fue descomunal: fue un diluvio.

Y al atardecer de ese día, desde los cerros comenzó a deslizarse agua, tierra, piedras… con tal furia que el pueblo se vió en la necesidad de evacuar.

Temían no sólo por sus vidas y enceres: sus olivos quedaban a merced de la tempestad.

Y llegó la noche, el escenario perfecto en el desierto para escuchar el estruendo del agua y todo lo que arrastraba.

Dicen que el agua tiene memoria, pero esa noche se demenció y arrasó con sus huertos, que paradójicamente, esperaban el vital líquido. Los olivos fueron arrancados de cuajo, a pesar de sus grandes dimensiones.

Y cómo dicen que después de la tormenta llega la calma, el amanecer permitió evidenciar que cientos de sus árboles ya no estaban.

Don Vicente, el más anciano de los habitantes, suspiró y dijo: “aún tenemos olivos… ellos quisieron quedarse, nos necesitan y nosotros a ellos… Si ellos pudieron con la tempestad, nosotros también”.

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