238. Un chorrito de oliva

Uroboros

 

Elena preparaba ensaladas con una devoción casi religiosa. Elegía los tomates, lavaba la rúcula, cortaba la cebolla y reservaba para el final un buen toque de aceite de oliva.

Su marido solía decirle que iba a cenar afuera porque prefería la carne. Y sí que le gustaba, porque hacía meses que la engañaba con una mujerona con mucha pulpa.

Cuando Elena se enteró, se decidió por la separación. Lo hablaron durante una última cena.

Aquella ensalada final llevaba tomates, aceitunas negras, queso curado y dos ingredientes nuevos, cuidadosamente acomodados en el centro y bañados por un hilo dorado.

Eran los testículos de su marido.

Con un chorrito de aceite de oliva, los huevos quedan riquísimos.

MásQueCuentos
Resumen de privacidad

Usamos cookies en nuestra página web para ver cómo interactúas con ella. Al aceptarlas, estás de acuerdo con nuestro uso de dichas cookies. Ver políticas de privacidad