200. Universal

Raúl Garcés Redondo

A la hora del vermú no cabía un palillo. Los botellines y sus correspondientes tapas volaban en todas direcciones sobre las cabezas de los parroquianos. Con sus piernitas colgando de la banqueta, el niño de rubios cabellos jugaba con el servilletero cuando una aceituna aterrizó en su cabeza. La tomó con cuidado estudiándola con detenimiento antes de echársela a la boca. Su paladar experimentó un sabor hasta ahora desconocido. ¿Qué era aquello? Aceituna. Del árabe azzaytúna y este del arameo zaytūnā. Fruto del olivo. El sol arrancaba destellos dorados de un olivar en la hermosa estampa que le ofreció la IA. Así, así es el árbol que tengo en mi planeta, concluyó entusiasmado antes de dejar libre la banqueta.

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