199. Cornicabra la llamaban

Joven Cazador

 

Tenía un sabor afrutado con un toque amargo y algo picante. Su miel resbalaba por mi garganta como ese néctar de color verdoso que fabrican en las almazaras. No sabía por qué, pero algo me decía que esta sería la última vez. Quizá fuera el rendimiento graso del momento, era verano, su piel y mi piel emanaban una graduación más alta de lo normal. Quizá su humedad, el oro líquido que brotaba como gotas de rocío, llegaba a la altura de mi ombligo. Quizá todo era fruto de mi imaginación y repetiríamos aquella noche como en tantas otras ocasiones.

Dejó escapar un grito seco y se marchó. Abrió la puerta y me dejó dentro de mi éxtasis culinario. Había llegado únicamente con el deleite de mi lengua mojada, mojándola.

Se acerca el invierno y es época de recolección de la aceituna. Aún sueño con su sabor. Recordándola, la he buscado en esa red social en la que todos gritan y nadie escucha. Ha sido mamá.

MásQueCuentos
Resumen de privacidad

Usamos cookies en nuestra página web para ver cómo interactúas con ella. Al aceptarlas, estás de acuerdo con nuestro uso de dichas cookies. Ver políticas de privacidad