156. El aceite de oliva y el amor

Génesis Carolina Ovalle Durán

 

​Gema llegó al olivar, a la fábrica donde se encuentra el valioso oro líquido. Allí, entre los olivos, los recuerdos del vacío que Damián le causó se mezclaban con el aroma de la aceituna.

​En una linda mañana, Gema soñaba con el regreso de su amor. Imaginaba a Damián llegando, tomándola de la mano, abrazándola y besándola frente a los árboles. Recordaba cómo, en sus sueños, él le ayudaba a recoger la cosecha.

​Al caer la noche, contemplando las estrellas, su deseo se hizo realidad. Damián apareció entre los olivos, la abrazó con fuerza y le confesó que ella era la mujer de su vida. El olivo, puro y sincero, fue testigo de su reencuentro. Desde aquel abrazo, el aceite de oliva luce más brillante y hermoso. Frente a la fábrica del oro líquido, Gema y Damián se juraron amor eterno, sellando su unión para siempre. El olivo, testigo de su entrega, guarda aquel juramento como un bálsamo que cura el alma, transformando el dolor pasado en una nueva luz llena de esperanza y de amor puro.

 

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