172. Ungiendo

José Blas Molés Miró

 

Y me dijo el Señor, cuando ya había modelado la forma del humano, antes de recubrirlo de piel: «Ve y tráeme aceite del bueno, de primera prensada en frío, para engrasar las juntas y que no haya rozaduras en rodillas y codos». «No es época de almazaras… Están cerradas», le dije. «Pues, entra en cualquier casa y pide que te den de su aceite. Aquí en Jaén la calidad es celestial, como yo mismo lo soy». Fui, se lo llevé y se hizo como Él mandó. Nadie se ha quejado y ya llevamos varios siglos engrasando juntas, rótulas y estómagos saludablemente.

Ahora, ya acabada la creación, en la distancia secular, cada noche sueño que me baño en un mar de aceite y ese es mi premio, mi compensación.

Si no lo has probado nunca, aunque sea en una bañera, date ese regalo y ya me cuentas.

 

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