133. Fortuna de olivos

Javier Norambuena Velásquez

 

No paraba de llover, un relámpago alumbró por segundos el paraje despoblado, de toda la planicie. Con valor quede observando el horizonte oscuro, escondido en la gruta. Al siguiente estruendo, fijo la mirada a horrendas sombras, figuras con aspectos espantosos. Entre mis delirios, permanezco en suspenso, deseando encontrar aquel olivar para que así cubra de esperanza. Un anhelo remoto, por hallar el cultivo prodigioso, fuente de sanidad milenaria. Origen de bienestar, del cual mi peregrinación deambula por senderos agrestes, en las escarpadas praderas, junto al rebaño, atesorando en la canasta los frutos, riqueza de olivos. Dicha en las mesas modestas, que degustan el amplio sabor de amargura o dulzón. En todo el pueblo andaluz.

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