106. La última gota

Deredia Luna

 

Inclinó la aceitera por última vez. Una sola gota dorada descendió lentamente hasta el pan. Tardó unos segundos en caer.

La observó en silencio. Parecía insignificante.

Pensó en su mujer, en las salas de espera, en las conversaciones a media voz con los médicos. Durante meses había deseado una única palabra, una fecha, una certeza. Pero todo avanzaba despacio, casi en silencio, día tras día.

Ahora, al mirar aquella última gota, no vio un final. Vio una sucesión de amaneceres, manos agrietadas, conversaciones entre surcos, gente extendiendo mantones bajo los olivos, soportando el frío de las primeras horas y llenando capazos hasta sentir los brazos pesados.

La gota desapareció sobre el pan.

Hay cosas que avanzan tan despacio que parecen quietas. Hasta que un día, sin ruido y sin avisos, descubres que han llegado.

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