91. Abraham El Sefardí y el olivar bendito

Carmen Soler Alba

 

Me adentré en la época Medieval, en el año de 1340.

Estuve en Toledo y alrededores, en una  alquería cuyos habitantes eran Sefardís.

Conocí a Abraham: «Él Sefardí», dueño de una gran heredad plantada de olivos.

Anduve cerca de una Alberca llena de agua, procedente de un pequeño manantial.

Me reuní con la familia de Abraham: Su mujer: Esther y sus tres hijos: Samuel, Suzana y Lina y los padres de Esther: Daniel y Miriam.

Pude saborear un plato de Adafina y un trozo de hogaza rociada con aceite del «Olivar Bendito».

Recé a Yahvé, con Abraham y su familia en la pequeña Sinagoga de la Alquería.

Me sumergí en el Almazara, en donde vi como se exprimían las aceitunas y me maravillé al comprobar que el aceite de la Hacienda de Abraham era excepcional.

Por último, oí rumores: De que en noches de Luna Nueva, la Ninfa  «Aretusa» llenaba un ánfora en la Alberca y la esparcía en los olivos del «Olivar Bendito».

Esto hacía que el Aceite de ese campo fuese el mejor de la Heredad de «Abraham el Sefardí».

 

 

 

 

 

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