79. Un paraíso interior para volver
Un viaje empieza cuando se planifica. Un grupo de amigas, escritoras, fotógrafas y poetas decidieron un día salir por tierras de la vecina Jaén. Tierra de interior, mar de olivos y montañas, parques naturales, sierras donde nacen ríos que llevan su agua al mar después de regar las tierras que atraviesan, cerros y pueblos empinados con castillo de fondo, sendas y senderos donde la naturaleza es rica en flora y fauna. Tierra de olivos y olivareros.
Somos: Alicia, Manuela, Mariola, Talia, Patricia y, Candela. Nos reuníamos en invierno, cuando la nieve cubría las montañas jienenses. Mucha ilusión, teníamos un plan. El viaje sería a finales de abril.
Con un mapa de la provincia, trazamos un recorrido donde lo verde y el agua se adueñan de un paisaje único. Queríamos hacer oleoturísmo, probar el aceite de oliva en todas sus variedades de aceitunas: Picual la reina del olivar de la provincia y sabor más intenso, Royal de aceite delicado de la Sierra de Cazorla, Cornezuelo dedicada a la aceituna de mesa y las variedades Arbequina y Hojiblanca, pero no solo era esto. Añadimos una ruta literaria por los distintos pueblos vinculados a escritores y poetas. Así lo proyectamos. Todavía somos mujeres de mapa, papel y lápiz para tomar notas en cuadernos de colores. Y una buena cámara para dar cuenta del paisaje y momentos concretos con cara sonriente. Así quedó reflejado.
Partimos en plena primavera, alquilando una furgo. Nos dirigimos a Segura de la Sierra, allí comimos ricas viandas. Por aquí fue por donde pasó el poeta místico San Juan de la Cruz. Adentrándonos en Beas de Segura llegamos al Centro de Interpretación de las Carmelitas Descalzas, leímos su famoso poema “Noche oscura” obra cumbre de la poesía mística cristiana. En Beas de Segura, la mística del Siglo de Oro. Santa Teresa de Jesús fundó el primer convento de su orden en Andalucía. Aquí en su acción reformadora, conoció a San Juan de la Cruz. Parte del grupo entró en un estado tan espiritual que después de esta visita pensamos ir a Jaén para ver el Monasterio de estilo barroco dedicado a la santa. Unas más que otras, admiran su obra religiosa y sus poemas. “Vivo sin vivir en mí”. Todas salimos gozosas. “Nada te turbe” Sin entrar en éxtasis… Seguimos. Esto acababa de empezar…
Después nos dirigimos hacia el municipio limítrofe de Chiclana de Segura emparentado con Jorge Manrique, siglo XV. “Que la vida es como un río” dice su elegía “Coplas a la muerte de su padre”. Aprovechamos también para ver el mural del artista gráfico Belin, de Linares, dedicado al autor prerrenacentista cerca del Palacio de la Encomienda. El padre de Manrique, fue Comendador. Subimos al mirador de este elevado pueblo y tomamos una cerveza, de tapa: aceitunas, las sabrosas Gachamigas y el Ajoharina chiclanero. Todo un disfrute para el paladar. Durante todo el viaje comimos siempre muy bien.
Las amigas seguíamos viviendo la experiencia. Una vez en la llamada Puerta de la Sierra de Cazorla, Segura y las Villas, buscábamos el nacimiento del Guadalquivir para contemplar como fluye el agua fresca y cantarina. Pero lo dejamos para el día siguiente. La tarde empezaba a caer, así que dimos un paseo por la ribera del río. Pernoctamos en Cazorla. Una vuelta por el pueblo y a dormir. Poco después del amanecer, un desayuno en la plaza del pueblo divisando el Castillo de la Yedra. Tomamos café, pan y aceite de oliva virgen extra de la variedad Royal de un sabor delicado, exclusivo de los olivares de la Sierra.
Ya en la furgo nos dirigimos al nacimiento del gran río andaluz en Cañada de las Fuentes, un paraje natural del municipio de Quesada. Allí en una placa se puede leer el poema de los hermanos Álvarez Quintero: “¡Detente aquí, viajero! En estas peñas/ nace el que es y será rey de los ríos, / Entre pinos gigantes y bravíos/ que arrullan su nacer/ y ásperas breñas”. Después de contemplar tan hermoso lugar volvimos a Quesada todavía nos quedaba mucho por ver… Aquí nació también el exitoso y joven escritor actual, David Uclés autor de “La península de las casas vacías” su Jándula, esa localidad mágica Y el viaje continuaba. Volveríamos a este pueblo…
A media mañana salimos hacia Baeza allí la Generación del 98 nos esperaba. Admiradoras y lectoras de Antonio Machado, profesor y poeta inmenso “Desde mi ventana/ ¡campo de Baeza, / a la luna clara!” Llegamos al que fue su instituto, entramos en su aula, sobria y atrayente; parecía sonar en francés el ambiente. Después hicimos un sendero dedicado al poeta, “pasear y leer” decía Machado. Un trayecto desde donde se ven miles de olivos y matorrales, incluso se avistan los cerros de Úbeda. ¡Nadie se despistó! A la vuelta del sendero Machadiano hicimos el itinerario por la capital renacentista. Disfrutamos de una suculenta comida en un restaurante de la ciudad. Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, junto con la vecina Úbeda. Saboreamos los Ochíos, Bacalao a la baezana, y los Virolos, el famoso postre, lo dejaríamos para la merienda. El legado del poeta y el casco antiguo renacentista nos deslumbró de gran manera y como no, las viandas. Era final de abril y la ciudad se preparaba para las Cruces de Mayo.
El granadino García Lorca conoció al poeta Machado en Baeza con motivo de un viaje de estudios, coincidieron en una conferencia. Lorca, del poema y canción popular “Las morillas de Jaén” hizo una adaptación musical para piano: “Aixa, Fátima y Marién/ tres morillas tan garnidas/ iban a Jaén a coger oliva” en 1931. Se dice de Federico García Lorca miembro la Generación del 27 que el encuentro con Machado fue definitivo para dedicarse a la poesía y la dramaturgia. Nuestro gran poeta universal del siglo XX. Asesinado en Granada en 1936.
Descansamos durante la merienda frente al Palacio de Jabalquinto: gótico flamígero renacentista, sentadas en una terraza, tomamos un café y té acompañados por los famosos Virolos, dulce de hojaldre delicioso. Hicimos noche en esta ciudad histórico monumental. Salimos al caer la noche a pasear, son sus brumas nocturnas para tener en cuenta. Un ambiente entre mágico y poético, una atmosfera de luz tenue bajo un cielo estrellado. Madrugamos para hacer unas fotos con los perfiles de la catedral y el efecto de las farolas sobre las calles húmedas de la madrugada.
Úbeda sería para otra ocasión, otro viaje. Estuvimos hablando del escritor contemporáneo Antonio Muñoz Molina, nombramos las obras del autor y sus artículos en el diario El País. También del poeta y cantautor Joaquín Sabina, ambos nacidos en esta ciudad. Se comentó sobre Juan Eslava Galán el escritor octogenario nacido en Arjona, alguna de ellas conocía sus “Leyendas templarias”. La herencia cultural de Jaén y su provincia es importante.
Por la mañana pasamos el día en Jaén capital, visitamos: Catedral, Baños Árabes y Museo Íbero. Sabíamos de la afamada gastronomía y sus estrellas Michelín y de los éxitos recientes de la cocina jienense. El buen comer no nos lo íbamos a perder. Nos dejamos asesorar y allá que fuimos a uno de ellos.
Desde allí a una hora más o menos está Quesada en pleno corazón del Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas. El periplo viajero, no había terminado… Ya habíamos conocido el nacimiento del Guadalquivir, pensamos en hacer alguna ruta por el parque tan verde en esta época del año; vimos desde lejos algún muflón y ciervos que pacían tranquilos, entre la campiña rodeada de altos pinos llamado por aquí pino salgareño y quejigos o roble del sur, una masa forestal de las más extensas de la península. Y después pasaríamos la mayor parte de la jornada en el pueblo de Quesada. De allí era Josefina Manresa, mujer de Miguel Hernández el poeta oriolano. Miguel estuvo durante la Guerra Civil Española un corto tiempo, escribía en un periódico “Altavoz del frente Sur” Poesía de lucha. Gran parte del legado del poeta cabrero, está aquí en el Museo Miguel Hernández-Josefina Manresa, compartiendo edificio con el Museo Zabaleta. Rafael Zabaleta pintor expresionista nacido en esta localidad. Conoció a Picasso y sus últimas obras fueron postcubistas. Comentamos su cuadro “Dos campesinas” 1950.
El poeta del pueblo perteneció a la Generación del 36 aunque hoy muchos defienden la pertenencia al 27. Entre sus obras más conocidas está “Perito en lunas” publicado en el Diario La Verdad de Murcia 1937, prologado por su amigo Ramón Sijé, al que le dedicaría la “Elegía” en el “El rayo que no cesa” uno de los poemas más tristes de la Literatura española. Fue “Vientos del pueblo” y otros poemas los que nos vinieron a la memoria. En la efervescencia del momento leímos “Andaluces de Jaén” Elegido hoy en día como himno de la provincia. De una belleza elevada. Todas recordamos haberlo cantado en nuestra época estudiantil. Este poema fue musicado y cantado por el grupo “Jarcha” entre las décadas de los 70 y 80 Resultó ser muy popular y reivindicativo.
Entonces recordamos que en los Baños Árabes de Jaén, habíamos visitado una sala dedicada al poeta, recientemente creada. Miguel Hernández, igual que Federico García Lorca en sus cortas vidas se constituyeron como grandes poetas y dramaturgos. Ambos tuvieron una muerte inmerecida. Después del largo día iniciamos la vuelta.
Ha sido un viaje que no olvidaremos: paisajes, ríos, montes, pueblos, castillos; la gente tan cordial que encontramos. Las fotos que hicimos, las notas que nos trajimos, las comidas, la amistad y la armonía que nos une. Todas volvimos seducidas por el entorno de agua y aceite. Ni una pizca de cansancio.
Somos muy distintas, tenemos en común el amor por la naturaleza, la Literatura, el Arte… y la fotografía. Mujeres de hoy que nos gusta, que necesitamos de la lectura, escritura y los viajes.
Por aquellos lugares transitados, a quien se le da bien leer, leyó; otras referían sus conocimientos sobre los autores y la orografía del terreno, su ecosistema singular y único. Y una de ellas de vez en cuando, decía: ¡Foto! Todas a posar. Gratos recuerdos.
Verdaderamente disfrutamos todos los momentos. En la furgo a la vuelta, no paramos de hablar. Esta experiencia viajera había merecido la pena. Compartimos y sobre todo reímos.
Si algo identifica a estas mujeres amigas, es el gusto por la conversación, antes, durante y después. La clave del éxito fue la ilusión, mantenida todo el tiempo que duró el viaje, no falló nada, ni las rutas, ni los alojamientos, tampoco la gastronomía. Fue todo un premio viajar por estas tierras. El buen tiempo acompañó. Nos trajimos el sabor del aceite de oliva virgen extra, en boca y alguna que otra botella para seguir degustando y recordar los placeres del viaje… Y muchas, muchas fotos.
A la llegada un gran abrazo de despedida y en voz alta un pensamiento ¡Repetiremos!
Soy Candela, fui tomando notas en mi cuaderno de color verde.