3-La fiesta de disfraces

3-La fiesta de disfraces

[Ismacarl]

Vivo en un pueblo pequeño, mi trabajo no dista más de 5 minutos andando de mi domicilio, como las distancias son pequeñas se puede ir a casi todos los sitios andando. Casi no hay tiendas donde puedas encontrar ciertas cosas para el día a día y mucho menos, cosas como un disfraz en el último momento para la fiesta de disfraces del cole, en el que por cierto solo hay 50 niños, por eso hay que desarrollar mucho la imaginación, sacar el máximo rendimiento a cualquier material al que apenas darías importancia en otros momentos y circunstancias. Tengo dos maravillosos hijos, Ismael de 10 años y Carla de 7, y debido a esa escasez de niños, en ocasiones hay que buscar actividades extra para entretenerlos y que no pierdan el encanto de la niñez; los tiempos han cambiado, ya no salimos tanto a jugar a la calle, entre los árboles o en cualquier plaza, por culpa de un exceso de actividades extraescolares, del tráfico...

Lo que más valoro de mi trabajo es que puedo llegar casi todos los días a comer con mi familia, a veces llego yo antes a casa que ellos del cole, lo que me permite darles alguna que otra sorpresa.

Al llegar a casa, me extrañó mucho que, como todos los días, no saliese a recibirme mi hija pequeña de 7 años, y le pregunté a mi hijo Ismael que dónde estaba:

–Está en su habitación, llorando! –me dijo.

–¿Llorando? –me pregunté mientras sigilosamente avanzaba hacia su habitación. No era habitual que una niña imaginativa, cariñosa y alegre, estuviese encerrada en su habitación llorando...

–¿Qué te ocurre, cariño? –le pregunté mientras la abrazaba.

–Que en el cole las niñas mayores van a hacer un grupo de disfraces y no han contado conmigo.

Era muy habitual que al haber tan pocos niños en el colegio, cuando se acercaban las fechas como Carnavales, final de curso etc., que los maestros dejasen que fuesen los niños quienes eligiesen con qué compañeros querían hacer tal baile o con quiénes formaban el grupo de disfraces. Mi hija casi siempre había buscado niñas de edad superior a la suya y muchísimas veces las niñas mayores no contaban con ella, y eso todavía no alcanzaba a entenderlo.

–¿Qué te ha dicho mamá? –pregunté para saber a qué atenerme.

–Pues... pues… que aprenda a esperar y que me disfrace con las de mi edad –ciertamente tenía razón.

Traté de calmarla mientras maquinaba como otras tantas veces una solución, no muy costosa y que fuese satisfactoria para todas las partes.

Después de comer, como otros días, me quedé relajado en el sofá, mientras tomaba un café, absorto en mis pensamientos. Ese era el momento en el que se me ocurrían buenas ideas. Casi como si me despertase bruscamente de un sueño, mi hijo Ismael me trajo de nuevo a la realidad:

–¿Qué te pasa papá, parece que estás en otro mundo?

–Ciertamente lo estoy, cariño. Estoy pensando en cómo organizar una fiesta de disfraces para tu hermana con todos sus amigos del cole. ¡Una fiesta de disfraces divertida, distinta, como nunca se haya hecho otra en el pueblo, de las que no se puedan olvidar fácilmente...!

–Pero vamos a ver papá –me dijo Ismael–. ¿Tú no te compraste el otro día un equipo de impresora y escáner en 3D?

–¡Eres un crack! –le di un fuerte beso y salí rápidamente sin decir nada a nadie en dirección al sótano, donde había instalado una mesa de trabajo con ese maravilloso equipo de impresora y escáner 3D. Solo había hecho unas pruebas con el equipo, apenas lo había terminado de montar, un equipo de esas características no se instalaba en dos minutos, y menos con mi poca pericia para algunas cosas.

De camino al sótano, mientras saltaba las escaleras de dos en dos, iba haciéndome la idea mental de lo que posteriormente quería plasmar con mi impresora 3D. Recientemente había escaneado las fotos de la orla que nos habían entregado al final del curso anterior, con todos los compañeros del cole. ¡Me vino de fábula! Hice la primera prueba, busqué un disfraz de duende, le puse la cara de uno de los compañeros y me dispuse a imprimir.

–¡No me lo podía creer! En apenas 20 minutos tenía ante mí a un enanito, compañero del cole de mi hija, vestido de duende, ja, ja.

Una mezcla de emoción, alegría e incredulidad hacía que mi corazón latiese a velocidades supersónicas... Pero todavía me quedaba mucho trabajo por hacer y me puse enseguida manos a la obra; me habían hablado maravillas de la impresión 3D, de sus múltiples aplicaciones, para medicina, para repuestos de coches, para prótesis ortopédicas, etc. Pero…, ¿quién me iba a decir a mí que iba a hacer feliz con unos cuantos clics a una de las personas que más quiero en mi vida…?

¡Uff! Otra fotografía, elijo el disfraz, esta vez me gusta una princesita, vestido color rosa pastel, con muchas lentejuelas de color plateado, pero será rubia, mientras dure el encantamiento, porque realmente esta niña es muy blanca de piel y de pelo color castaño.

Mientras espero que se imprima y vaya tomando forma una de las princesas de mi “Fiesta de Disfraces” personal, voy dando forma al decorado que será parte importante de mi cuento particular: árboles, un riachuelo, mucho verde, árboles frutales… ¡Qué pasada, cuando imprima las frutas seguro que tendré la tentación de comer alguna! Es tanta la emoción que siento, que me parece que la impresora va excesivamente lenta. ¡Quiero más… más! Me fluyen las ideas, mis dedos van lentos diseñando, quiero más velocidad, lo que tengo en mi mente lo quiero ver plasmado en 3D, pero ¡a la voz de ya!... Le doy movimiento en la pantalla mientras mi impresora no para… Pero…, ¿qué hago aquí solo? Esto lo debe disfrutar mi hija, ella debe ser quien organice su “Fiesta de Disfraces”, quien le dé color y forma, quien decida qué niño irá vestido de tal o cual cosa, también mi hijo y mi mujer, todos aportarán buenas ideas… ¡Una fiesta de verdad, un cuento hecho realidad!

Subo las escaleras tal como las había bajado, de dos en dos, saltando lo más veloz que puedo, precisamente mi agilidad mental no va acorde con mi agilidad física, pero seguro que con mi fantástico equipo en 3D, la maravillosa impresora y el escáner, me veo flotando entre las nubes. ¡Qué emoción!

–¡Carla… Carla… Ismael… Rosa…, toda la familia para abajo, vais a alucinar, esto es maravilloso! –todos me miraban con cara de incredulidad, pensando por un momento que su padre o en el caso de mi mujer, su marido, se había vuelto loco–. ¿Qué pasa, qué pasa? –preguntaban extrañados por el estado de sorpresa y excitación con el que los estaba llamando.

–¡Venid conmigo, por favor, rápido!

¡No saltábamos escaleras abajo, volábamos!, como suspendidos en el aire. La emoción se había contagiado, jamás había experimentado una sensación así, como si fuese un poder sobrenatural, había conseguido poder dar forma a todo cuanto en mi mente había fluido.

Al llegar al sótano y ver a sus dos compañeros de cole vestidos de disfraces, por un momento mi hija me miró con cara de pocos amigos, pensando en porqué estaban algunos disfrazados y ella no. En cuanto se calmó un poco pude, entre excitación y emoción por ambas partes, explicarle la fantástica idea que me había dado su hermano y que gracias a mi maravilloso equipo de impresora y escáner 3D, había ido consiguiendo. Entonces le dije que quería que fuese ella la que organizase la fiesta, que le diese forma a los disfraces, a los decorados.

–¡Madre mía! Era como si a un goloso le dices que diseñe tartas de sabores; la cara de emoción e incredulidad de mi hija lo decía todo:

–¿De verdad, papá, puedo elegir el color de los vestidos, de los caballos, de las carrozas, de las casitas, del castillo donde vivirán y la forma de las sillas, de sus camas, de los paisajes por los que van a caminar y puedo imaginarme todo lo que quiera?

–¡Sí, cielo, puedes decidir todo, es tu “Fiesta de Disfraces”! Puedes decidir qué te gusta y qué no te gusta, pero sólo quiero poner una condición: deberán estar en la fiesta todos tus compañeros del cole. Las fiestas son más divertidas cuantos más amigos hay en ellas.

La locura se desató en su cara, el brillo de sus ojos era mayor que la luz solar que entraba por la ventana, cuando de su cabecita empezaron a brotar ideas que quería que plasmase de inmediato.

–A Óscar quiero verlo disfrazado con un elegante traje rojo con borlones de color dorado, con una espada como los caballeros del castillo, tendrá un caballo color negro...

¡Click! Poco a poco los engranajes de la impresora 3D hacían un pequeño chasquido y comenzaban a dar forma a una figura del compañero que había elegido.

–A Carlos lo quiero ver de duendecillo burlón, ja ja ja, con lo gracioso que es... Irá con una camiseta azul, pantalón azul oscuro y los bordes en color dorado, llevará un sombrero en forma de barco.

–¡Espera, espera, que esto no va tan rápido! Además, quiero que lo aprendas a hacer tú, yo te ayudaré pero lo diseñarás tú–. Y le fui explicando cómo funcionaban cada una de las aplicaciones del escáner 3D y la impresora 3D, las paletas de colores, la forma de los relieves, cambios de color y combinaciones de los mismos. Me quedaba maravillado de la habilidad que tienen estos niños de coger las cosas al vuelo, parece como si antes de nacer hubiesen recibido algún curso de tecnología, porque lo que a nosotros nos cuesta días o incluso semanas, ellos lo aprenden en minutos, en un momento mi hijo y mi hija aportando ideas, mi mujer y yo entre risas por la fiesta familiar en la que se convirtió el diseño de “La fiesta de Disfraces”. Así continuamos uno por uno, con cada uno de los compañeros de clase... Luego empezamos a enumerar a los compañeros que mejor le caían de la clase de su hermano…

–Ismael llevará un gorro azul, con una pluma amarilla, la casaca será de color azul también con los adornos y los botones color oro, los zapatos negros con borlones dorados e irá montado en un caballo marrón. La prima Laura irá vestida de princesa, con un vestido rosa, con botones blancos zapatos de tacón a juego con el vestido, llevará una tiara con florecitas en tonos pastel…. Así, uno a uno siguió hasta que terminó con los compañeros de la clase de su hermano. Casi sin darnos cuenta, entre todos y cada uno de los que quería que participasen de la fiesta, nos habíamos juntado más de 40 personas, casi no cabían en el sótano, más algunas de las partes del decorado que habría que pensar dónde colocar.

Para sí misma, mi hija eligió un vestido en azul turquesa precioso, con lentejuelas, una capa de tul morado con purpurina y una cola larga cubierta de lentejuelas, en la parte frontal una flor combinando los colores del vestido, coronando su cabeza una bonita corona. Realmente parecía lo que era, la princesa de la “Fiesta de Disfraces”, y digo princesa y no reina porque ella fue la que quiso que el rey y la reina fuésemos mi mujer y yo, por eso me ayudó a que diseñase un vestido color marfil con pedrería para mi mujer, con una capa amarilla, con los bordes de oro, con un cordón central también en oro y una tiara de diamantes, zapatos a juego con el color marfil del vestido, todo ello para que resaltase la belleza de su media melena morena y sus ojos marrones. Para mí, me pidió que diseñase un pantalón y casaca color verde, con una camisa blanca con remates bordados en el pecho y en los puños y un sombrero tipo tirolés, a juego con los tonos verdosos del traje, los zapatos negros y media blanca hasta media pierna que era donde terminaba el pantalón. ¡Estaba para comerme, todo por verla feliz!

Después de hacer a sus compañeros del cole, quedaban por hacer a los maestros, a quienes mi hija les tiene un cariño especial porque prácticamente ha crecido con algunos de ellos: a uno lo vistió de bufón, porque dice que es muy divertido, que siempre está cantando, enseñándoles canciones, contando cosas “de risa” como dice ella; a otra la vistió con un elegante vestido en tonos malva como si fuese un hada madrina que siempre le enseñaba cosas desde pequeñita; y a otro que es un poco más serio, pero a la vez divertido y que les cuenta, dentro de la seriedad del tema, cosas más “mágicas”, lo vistió de mago, con su sombrero de pico lleno de estrellas y una varita de mago en las manos. También diseñó un hada mística que les contaba cosas que ocurrieron hace muuuucho tiempo y les enseñaba a ser buenos; luego al hada musical y al ágil saltarín.

Estaba maravillado de lo que habíamos creado, mi hija estaba exultante de alegría y eso era lo más importante para nosotros, después de todo quedaron unas figuras casi perfectas, vestidas con todos los colores imaginables, vestidos, caballos, decorados extraordinarios, que conjugaban las mejores escenas de cualquier película en la que se narrara el mejor cuento infantil. Todo era increíble, menudo provecho había conseguido sacarle a mi impresora 3D y mi maravilloso escáner 3D. Ahora tenía que buscar un sitio un poco más amplio para exponer la maravillosa creación de mi hija.

Llamé al ayuntamiento por si podían prestarme el salón de actos multiusos, explicándoles que sería para exponer una réplica de una fiesta de disfraces en la que participaban todos o casi todos los niños del colegio, hechos con escaneado e impresión en 3D y que sería algo digno de ver para toda la gente del pueblo. La idea les pareció adecuada, pensando siempre en buscar cosas que entretuviesen a la población. Nos facilitaron medios de transporte adecuados y las ayudas necesarias para montar un espectáculo maravilloso, en cuanto a colorido, originalidad, un acto nunca visto en nuestro pueblo; lo programamos para abrirlo al público una vez lo teníamos todo montado, sabíamos que sería impactante...

Los operarios del ayuntamiento, los técnicos de iluminación, todos cuantos colaboraban en el montaje, preguntaban que como habíamos podido confeccionar algo tan maravilloso solo con un escáner y una impresora en 3D. Mis explicaciones eran muy básicas, porque solamente me había limitado a hacer uso de los recursos y a disfrutar con las maravillas que se me habían brindado con estos equipos, el colorido, la exactitud de las réplicas obtenidas a través de imágenes de una fotografía... en fin, ¡Impresionante!

Llegó el día, todo estaba preparado y dispuesto para poder abrir las puertas, la cola de todos cuantos querían entrar, incluso las personas cuyas réplicas estaban dentro del salón, rodeaba todo el edificio, desafiando incluso la tormenta que estaba empezando a caer.

Abrimos las puertas y los que sí teníamos vestidos confeccionados en 3D, con relieves y matices indescriptibles, hacíamos las veces de anfitriones y al vernos la gente se emocionaba porque era como un viaje en el tiempo con trajes y vestidos de época. Al entrar dentro, la iluminación conseguida por los técnicos del ayuntamiento nos ayudaba a viajar con las maravillosas combinaciones de luz y color, prados verdes, caballos y personas que parecían de verdad y una música de cuento de hadas que ayudaba a endulzar, más si cabe, el viaje. La cara de emoción de mi hija, la de sus compañeros de clase y de colegio y del resto de la gente del pueblo, lo decía todo.

¡De repente... un estruendo, una chispa y todo se apagó! Todo a oscuras, todos nos quedamos como petrificados, porque ya no sabíamos si a nuestro lado teníamos a una persona de verdad o una réplica impresa en 3D.

Cerca de mí oí el relinchar de un caballo y de repente me llegó el sonido de un riachuelo y el olor de la hierba fresca y húmeda de la mañana. Mi hija me apretó la mano fuertemente mezcla de inseguridad y miedo, por lo desconocido de los sonidos y la oscuridad del momento...

Tal como se había ido la luz y la música, empezaron a sonar y a iluminar de nuevo, pero esta vez nos vimos sumergidos en una maravillosa Fiesta de Disfraces, donde todo lo que habíamos creado e impreso en 3D había cobrado vida: los verdes prados, los riachuelos de agua fresca, los pájaros, las mariposas, las hadas, los caballeros, el bufón, el mago, los caballos, todo bajo un cielo azul y un sol radiante...

Mi hija me miró y con lágrimas en los ojos por la emoción y una cara de sorpresa, que junto con la de mi mujer y mi hijo jamás había visto, me dijo:

–¡Gracias papá, es la mejor Fiesta de Disfraces de mi vida –y me abrazó.

Seguimos bailando y divirtiéndonos durante varias horas más hasta que fuimos retirándonos poco a poco de la fiesta, cada uno con su personaje favorito que, trascurridas las horas, volvería a su estado inicial de impresión en 3D.

Al día siguiente me llamaron del ayuntamiento para felicitarnos por la fiesta y para proponerme que organizásemos en cada festividad réplicas en 3D de los diferentes actos, para dar a conocer a los visitantes que nos acompañan en las fiestas mayores todo el encanto de cosas que se celebraban antiguamente y que ahora solo podíamos ver en fotografías, y que gracias a las impresiones en 3D podríamos replicar para goce y disfrute de mayores y pequeños, aunque estábamos seguros que no tendríamos la suerte de poder volver a disfrutar de la mágica “Fiesta de Disfraces”.

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