Game Over

Game Over

[Rosa Maria Guijarro Paredes]

Hoy me he decidido después de la visita a Dreams, quedándome claro el funcionamiento. Me explicaron en qué consistía y no creo que pueda llegar a tener efectos secundarios. Simplemente es 3D, es inocuo. Todo lo que allí suceda tan solo recreará un juego, pero menudo juego, es el sueño de mi vida y viendo cómo andan las cosas es la única oportunidad de obtener un trabajo de una vez por todas. Por lo visto mis plegarias van a ser atendidas. Por lo que me contó la chica en la entrevista es impresionante, como si realmente estuviera sucediendo, una pasada. Me enseñó una recreación virtual y también me dijo que el resto de información, junto con la demo, la encontraría en el mail que luego me ha enviado para que la pueda analizar tranquilamente desde casa. No me leo la info, no quiero perder tiempo y ya sé todo lo que tengo que saber. Llevo tres años en paro no tengo nada que perder: es ahora o nunca. Llamo a Dreams y reservo hora para lo antes posible.

Al día siguiente ya estoy allí y una señorita diferente a la del otro día me indica que debo esperar en la salita contigua. Mientras le dejo la bolsa con mis cosas me pregunta si no llevo nada más y le digo que no. Pasa media hora y ya me estoy impacientando cuando finalmente me llaman por mi nombre. La señorita me dice que ya me toca pero que antes debo leer y firmar unos impresos de consentimiento y la normativa, mera formalidad.

Que pesados pienso, porque ahora debo leerme cuatro folios con letra pequeña. Me aburre leerlo y en menos de cinco minutos cuando me he cansado del rollo los firmo y se los entregó a la recepcionista de nuevo. Creo que resumiendo todo aquél papeleo venía a decir que si estaba de acuerdo en participar de aquél proyecto, que si bla bla bla.

Bueno llega el momento y un tío enorme, joven y con la cabeza rapada hasta el tuétano me viene a buscar. Ahora sí que sí, esto se pone serio. Me dice que le acompañe y va tan rápido por el pasillo que casi me deslizo a su lado para seguirle el paso. Llegamos a otro módulo y en un vinilo en la pared se puede leer la letra “C” gigante. Debe ser aquí donde empieza la movida. El gigantón me dice que espere ante la puerta con la letra “A”, no es muy proclive a la conversación, habla con monosílabos y parece que además del pelo quizá le raparan parte del cráneo, es bastante bruto la verdad.

Espero ante la puerta que me ha dicho el tipo. Al minuto viene otro, bastante más mayor y con una larga melena que lleva trenzada. Menudas pintas que tienen todos aquí, pienso, parece la parada de los monstruos. El trencitas me pregunta que si ya he leído y firmado el acuerdo, le digo que si mientras pienso en lo pesaditos que están con sus normas. Me mira con extrañeza y me dice que si estoy seguro de haberlo leído todo correctamente. No sé cuanta importancia tiene el que leyera o no debidamente las instrucciones, pero ahora ya es tarde, tiro para adelante. El semi indio cherokee continúa hablando sobre cómo debo hacer y el tiempo que debo esperar antes de entrar en la impresora 3D. Me habla como si yo fuera idiota, despacio y enumerando cada uno de los pasos a seguir, no sea que me vaya a perder algo. Pongo mi mente en off y ya no le escucho. Cuando acaba su esquemático discurso me dice que ya puedo pasar al vestíbulo de la cámara “C”. Una vez allí observo que es un pequeño receptáculo contiguo a la habitación. Como los cuartitos que hay antes de las salas de rayos x donde debes desvestirte y ponerte la bata verde, igual de asfixiante. Allí es donde debo tomar el zumito y donde encontraré el vaso con la substancia sobre una mesita. Tal y como me ha explicado el trenzas me lo tomo del tirón y sin rechistar. Ahora debo esperar diez minutos a que me haga efecto y voilà ya podré entrar en la impresora. Los minutos pasan despacio, no veo el momento de poder entrar, son tantas las ganas que tengo de que todo empiece que la percepción del tiempo se ralentiza. Por fin pasan los eternos diez minutos y giro la manecilla de la cámara: empieza la fiesta. Una vez dentro todo está oscuro, como si estuviera en una sala de cine pero sin pantalla, tan solo se observan dos pequeñas lucecitas de emergencia. Hace un frío de mil demonios y voy vestido como si estuviera en las Bahamas. Y bien, no pasa nada, no siento nada, a ver si lo que me he tomado es puro placebo y esto es una estafa como una catedral. Pero no, a los cinco minutos tal y como vaticinó el indio empiezo a notar un ligero cosquilleo que me sube desde los pies hasta las lumbares. Una vez allí, se para y noto una quemazón en la parte baja de la espalda, como después de un masaje, que raro. Siento un ligero mareo y la boca se me empieza a secar, tengo muchísima sed. La vista se me empieza a nublar y creo que estoy empezando a entrar en una especie de trance. De entre la oscuridad surge una luz amarilla muy intensa, como un rayo que se dirige hacia mí y me atraviesa. Puedo ver cómo me ha penetrado y ha salido justo por el punto donde antes tenía la quemazón en la espalda. Increíble, es tan real que siento dolor en mi barriga y una sensación nauseabunda me aborda hasta que vomito en medio de la cámara. Vaya, no pensaba que esto fuera a comenzar de esta manera, pero es difícil dominar el subconsciente, debería dejar de jugar tanto a videojuegos. De repente noto como mis pies empiezan a despegarse del suelo, primero ligeramente y en una fracción de segundo me encuentro a dos metros de la superficie de la cámara, guauu, esto es la bomba. Me deslizo por la habitación como si fuera en patinete, puedo hacer cabriolas, subir por las paredes y bajar a mi antojo, ventajas de ser el rey del joystick. Por lo que veo esto empieza a animarse en serio a la vez que intuyo que estoy un poco obsesionado con los videojuegos. Debería intentar proyectar mis sueños más profundos sino ya me veo pegando tiros, saltando plataformas y corriendo por la selva a lo Tomb Raider. Por lo que parece no estoy del todo dormido puesto que sigo estando de alguna manera, así que decido probar. Frente a mí se abre una boca como la del logotipo de los Rolling, pero no es agradable de ver, es oscura, sin dientes y emite un sonido escalofriante, joder, esto está empeorando. De sus más negras profundidades sale una voz de ultratumba que me dice, -- Cómeme --. -- Uf…--, qué asco lo lleva claro. La boca al ver que no le hago caso se cabrea y escupe un líquido verde viscoso a lo blandiblup y me dice que me fastidie y que le bese o se va a cabrear en serio y que voy a ver de lo que es capaz. Hasta ahora me había sentido cómodo, pero aquello empieza a molestarme. No recuerdo haber leído en las condiciones si podía parar aquello en algún momento, pero lo intento y digo que paren gritando con todas mis fuerzas, pero no logro oír mi voz, es como si me hubiera quedado mudo de repente. Ahora sí que me siento como en una maldita ratonera e intento correr pero mis pies no me hacen caso, estoy además de mudo paralizado a merced de aquella boca asquerosa. La boca se aproxima un poco más a mí y me dice con voz sensual, -- ¿Qué te pasa cariño, no te atreves a darme un beso? Dios esto es horripilante, ni en mi peor pesadilla podría haber imaginado algo así. Me arrepiento un poco ahora de no haber leído detenidamente los formularios, quizá explicaban algo sobre todo esto. Pero parece que hay tregua y como por arte de magia la boca desaparece de la habitación, que descanso, a ver qué pasa ahora. Todo vuelve a estar oscuro y oigo en la lejanía como unos golpes profundos a la manera de un gong ancestral marcando una marcha militar. Cada vez se van acercando más cuando veo que una luz blanca que me deslumbra traza un círculo a mí alrededor. Miro el suelo y veo proyectada la sombra de algo muy grande que se cierne sobre mí. Hay la ostia, creo que me voy a mear en los pantalones. Me giro y me topo con lo que parecen sendos troncos forrados en tela tejana. ¿Qué es todo esto? me pregunto a la vez que empiezo a sudar como en mis mejores sesiones de gym. Alzo la vista y empiezo a entender que lo que creía que eran dos troncos no son más que las patas de un tremendo gigantón de unos tres metros (casi toda la altura de la cámara) y que me sonríe desde allí arriba. Es verde y lleva los jeans rasgados, cómo mi héroe de la infancia. Yo ya no sé si llorar, gritar o cagarme en todo, pero lo cierto es que continúo sin poder emitir sonido alguno y tampoco parece que pueda mover los pies de la baldosa todavía. Así que espero con resignación que aquella cosa verde haga o diga algo y ya veremos qué pasa. –Hola Ulises, ¿cómo lo llevas? – me dice el increíble Hulk. -- Francamente mal tío --, le digo sorprendido al ver que vuelvo a tener voz. – Pues esto no ha hecho más que empezar muñeco --, me dice con sorna el muy cafre. A la vez un intenso miedo que nunca antes había experimentado me hace reaccionar de una manera un tanto extraña, porque me veo diciéndole -- Qué se ha creído, que yo no he pagado para ver todas estas tonterías--. El gigante verde ríe y ríe sin parar, parece que mi actitud le ha hecho gracia. Su risa es tan estruendosa que hace vibrar el suelo bajo mis pies, las paredes se mueven y parece que un terremoto de escala seis está a punto dar comienzo. Con el movimiento yo también tengo la posibilidad de correr y así lo hago, corro y corro sin parar. Estoy tan enfrascado en la carrera que no me doy cuenta de que he traspasado las paredes de la cámara. A mí alrededor solo veo brillantes colores que me deslumbran al paso. Cuando ya noto que nada se mueve, paro y miro a mí alrededor. Dios, menuda sorpresa, aquello es precioso, estoy en un jardín como de cuento. Ahora yo ya no sé qué más puede pasar en toda esta paranoia, pero el miedo ha dado paso a una especie de valentía inusual en mí. La verdad nunca hubiera imaginado que me podría enfrentar a un gigante con tan solo una frase, aquello era increíble y en el fondo me estaba empezando a gustar. El jardín parece no tener fin, con una vegetación frondosa y de vivos colores, como si el verde fuera fosforito, el azul más irreal que se pueda llegar a imaginar y el rojo de una viveza extraña. Empiezo a entender que este paisaje no es desconocido para mí. ¿Dónde había visto yo antes algo similar ¿me pregunto, cuando veo que se acerca a mí un ciervo dibujado en intensos colores que me dice – Qué pasa chaval, ¿eres nuevo aquí ? -- . Cuando me doy cuenta en este mismo instante de que aquél animal no es otro que el de las cajas de lápices de colores Alpino y que por lo que parece me encuentro en la tapa de la mismísima caja. Miro hacia arriba y así es, en el extremo superior del jardín donde me encuentro, cuando éste acaba, se asoman unos gigantescos veinticuatro lápices de colores. La verdad es que empiezo a pensar que aquél proyecto en 3D está mejor programado de lo que pensaba. Era capaz de explorar mi subconsciente de una manera asombrosa. Que caray, nunca había experimentado nada igual y estaba empezando a comprender un poco la ecuación mediante la cual funcionaba, y no estaba nada mal. Era como ir pasando pantallas de un juego según mi estado de ánimo. Ahora empezaba lo bueno y podría empezar a jugar de verdad pienso cuando de pronto empiezo a ver como el jardín empieza a desdibujarse. Como si una gran goma de borrar estuviera acabando con él: primero se borran las blancas montañas lejanas, luego los verdes bosques frondosos, para más tarde acabar con el cervatillo y pum cae sobre el suelo uno de los últimos lápices gigantes a la vez que también inicia el proceso de borrado. Vaya, esto se acaba. Y efectivamente frente a mi veo una pantalla digital donde puedo leer en letras gigantes la frase: “Game over”. Pues sí, parece que se ha acabado de verdad. Se me ha hecho corto, francamente, esperaba más. Todo vuelve a la oscuridad inicial y veo una puerta que se abre, entro y me encuentro de nuevo en el pequeño receptáculo del principio. Miro el reloj del habitáculo y me sorprende ver que son las once de la noche, guauu, entré a las cuatro de la tarde, por lo que parece el brebaje también me ha afectado a la percepción del tiempo. Increíble, entonces no estaba nada mal aquello. Abro la puerta y ya no está el pasillo del módulo C como antes. En su lugar me encuentro en el interior de una iglesia gótica. Al fondo bajo el altar veo como una pantalla de plasma emerge desde el suelo, en ella puedo leer: Pantalla 2 enhorabuena, sigue jugando. Fabuloso, ahora empiezo a entender la dinámica del proyecto. Hay más pantallas hoy, ni en mis mejores sueños hubiera esperado algo así. Parecía que iba a estar toda la noche jugando. Empiezo a notar un runrún en mi estómago, llevo demasiadas horas sin ingerir nada. Una vez que el plasma ha desaparecido, el enanito mudito de Blancanieves se acerca por mi izquierda. Ostras parece que continúo con la etapa infantil me digo. El pequeñuelo, que éste sí habla, me dice al oído. – ¿Ya sabes de qué va esto, no? -- . Yo le contesto que francamente no y que estoy entre sorprendido y un poco hambriento la verdad, si voy a estar toda la noche sin parar de jugar me gustaría comer algo. Me dice que tal y como indica en la letra pequeña del contrato para conseguir algo con lo que aprovisionarme debo pasar las cinco primeras pantallas. Yo ya sabía que aquello no iba a ser tarea fácil. El premio final si conseguía completar el juego con éxito era un trabajo de programador interino en Dreams, el curro de mis sueños. Y si no conseguía superar el juego completo ya iba viendo cómo podía acabar la cosa. No advertí en el contrato la dureza de las pruebas, me sentía engañado. Sin comida ni bebida durante cuatro pantallas más no me veía capaz de superarlo. Supongo que aprovechándose de la desesperación de la gente en la búsqueda de empleo y sumado a la fuerte competencia habían endurecido las pruebas de selección. No recordaba que pusiera en ninguna parte el número de pantallas antes del primer aprovisionamiento.

A siete horas de media por cada una de ellas, y me quedaban cuatro, eso hacía unas 28 horas sin beber ni probar bocado. Y a saber con qué nuevas normas me iba a seguir encontrando. El enanito que ahora me está observando con cierta sorna me dice – Qué, ¿seguimos?-- Me cabreo y le digo que me niego a seguir jugando si no me sirven algo de comer y que voy a poner una queja a la empresa porque pienso que es inadmisible que pretendan que no coma durante tantas horas. El enanito que más parece un embajador de Dreams que un producto del 3D, me dice que debía haber leído atentamente las instrucciones. Allí explica claramente que la manutención, en la simulación que había elegido para el interinaje no llegaba hasta la pantalla número cinco. Me cabreo todavía más, cojo al enano por el cuello y le digo que quiero salir de allí ahora mismo, que ya he tenido suficiente y que no aguanto más, me da igual el puesto de trabajo. El enanito me dice que él no puede hacer nada, está programado por el procesador central y que si quiero salir debo completar con éxito las ciento cinco pantallas que hay hasta llegar al final. No se puede volver atrás, hay que seguir adelante. En caso contrario me quedaré allí eternamente (es decir mis huesos), son las normas, no hay nada que hacer. Por lo visto solo una persona ha conseguido pasar las primeras cinco pantallas en un tiempo récord, con éxito y sin comer ni beber en menos de cinco días, el tiempo que se puede aguantar sin ingerir nada de líquido, continúa diciendo. Pero eso en estado de reposo y a temperatura normal no dentro de Dreams donde la actividad física es notable. Por lo que veo la temporalización no es igual en todas las pantallas y me temo lo peor. El héroe que lo consiguió fue un hacker yanki de diecisiete años que se pasaba el día jugando a la play, me sigue contando el mudito. Un genio de los videojuegos, no como yo un simple programador en MAX Script. Lo miro fijamente y en su sonrisa cruel veo la viva imagen de una guadaña, a la vez que me digo a mí mismo que es el fin, es imposible, moriré de inanición antes de llegar a la quinta. Y me maldigo por no haber leído la letra pequeña del contrato. Estoy muerto, ahora sí “Game Over” a las plegarias atendidas.

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