Por una cabeza

Por una cabeza

[Juan Ignacio Soimu]

Estaba retrasado, otra vez. El resto del grupo no parecía impaciente; no era la primera vez que sucedía. El lugar elegido fue el mismo de los últimos 15 años; la fábrica abandonada les daba la privacidad y la tranquilidad que necesitaban para planificar cada intervención.

Los mismos de siempre aguardaban hablando de cosas varias. Las charlas giraban en torno a política, deportes, tecnología, y cosas triviales. Eran 3, pero la suma de sus coeficientes intelectuales, correspondían a casi una veintena de personas normales. Cada uno se destacaba del resto gracias a ciertas habilidades especiales; al unirlas generaban una sinergia imposible de igualar.

Micaela, la única mujer, llevaba años mejorando su técnica de disparo. Había estado casi una década en la filas de un grupo de elite gubernamental, que sólo intervenía cuando no quedaba otro recurso posible para alcanzar aquellos objetivos que requerían de precisión, efectividad, y por sobre todas la cosas: discreción. Cuando al fin pudo aceptar que era la mejor del mundo, decidió valerse por sí misma trabajando por su cuenta. Nadie tenía exclusividad sobre sus servicios; cualquiera que estuviera dispuesta a pagar lo que su “arte” valía, podía estar seguro de un acierto del 100 % de cualquier objetivo.

Aron, “el joven artesano de las computadoras”, cumpliría veinte años en un mes y llevaba casi quince frente a teclados y monitores entrando a cualquier ordenador que quisiera. Apenas era un niño cuando sus padres, a pedido suyo, le regalaron un viejo computador usado. Cuando los demás niños de su barrio jugaban en las calles, él se recluía en su cuarto divirtiéndose con bases de datos, cuentas bancarias, y todo un torbellino de actividades ilegales, que a su corta edad no eran más que un simple juego. Su mayor virtud era la humildad, y eso, para una sociedad pulverizada en materia de valores, era una bendición. Aún recordaba cuando logró ingresar en una de las cuentas más seguras del mundo para extraer más de 100 millones y donarlos a la “Cruz Roja” sin que nadie supiera de su accionar clandestino.

Eyni, quizás el más sobresaliente del grupo, los doblaba en edad y en conocimientos. Se destacaba en brindar toda la información relevante sobre los diferentes contextos que podían rodear cada una de las tareas. Investigaba todo el entorno y compartía sus averiguaciones para que el grupo encontrara la mejor manera de llevar a cabo sus trabajos. Tenía varios doctorados y un sinfín de conocimientos de varias ramas.

Y como cada grupo, estaba encabezado por alguien que los organizaba, los ponía al tanto de cada trabajo por realizar y llevaba adelante toda la logística correspondiente. Esta tarea recaía sobre Mr. Remis, el hombre detrás de una de las mejores organizaciones secretas del mundo. Quien solicitaba la intervención de “su grupo”, se ponía en contacto con él, y discutía las especificaciones de cada acción. El resto, poco sabía de su vida anterior y a veces era mejor no saberlo. Eyni, quien llevaba más tiempo trabajando a su lado, decía que la vida de Remis no era vida, pero era la suya y lo afrontaba demasiado bien.

Primero fue el ruido de la motocicleta ingresando al galpón, y luego la puerta que se abrió. Remis saludó a cada uno y se dispuso a colocar un pen drive en su ordenador portátil con la información que lentamente apareció en la pantalla. A medida que las imágenes iban apareciendo, Remis los ponía al tanto, y como siempre, no era hasta el final de la presentación cuando el grupo conocía la misión y decidían si trabajaban en ella o no.

–Nuestro contratante nos pidió algo especial –comenzó Remis.

El resto del grupo escuchaba con atención cada palabra y asimilaba las imágenes. La mayoría eran de habitaciones de hospitales y de centros clínicos con enfermos terminales.

–Cada año, más de 15 millones de personas descubre que tiene cáncer y más de 8 millones mueren en el mundo víctimas de esta cruel enfermedad. El resto de las enfermedades más mortales, como el cólera, la viruela, la fiebre amarilla, influenza, entre otras, se llevan la vida de miles de seres humanos por año.

Las imágenes que sucedieron a continuación mostraban la cadena de ADN y varias fotografías de muchos médicos y científicos.

–En el año 1990 se dio inicio al Proyecto Genoma Humano. Con una inversión inicial de 3.000 millones de dólares y un plazo de finalización de 15 años, el proyecto debía identificar y cartografiar cada uno de los genes del genoma humano desde un punto de vista físico y funcional. Como la colaboración internacional fue completa, sumada a los avances tecnológicos, el “mapa completo” se entregó 2 años antes del plazo determinado.

A continuación, las imágenes ya no correspondían a grupos de científicos o médicos, sino que se centraban en una sola persona.

–Este es Malcon Slave, el director del proyecto. Slave fue el principal orador y representante del P.G.H., frente a todos los organismos donde fueron presentados los avances y cada una de las cuestiones referentes al proyecto. Slave desapareció de la escena social una vez que el mapa fue presentado y nunca más se supo de él.

Un gran edificio, fuertemente custodiado por fuerzas de seguridad, acaparó la atención de todos los presentes dentro de la sala. Remis se aclaró la garganta, bebió un vaso con agua y continuó.

–Sin embargo, nuestro contratante desveló el paradero de Slave y a qué se estuvo dedicando todos estos años. Slave mudó todo su equipo tecnológico a este edificio ubicado en una zona alejada de todo y más protegida que el mismísimo Pentágono.

La secuencia de fotografías mostraba a Malcon Slave saliendo del edificio y entrando en varias oportunidades. Su apariencia física había sido claramente camuflada para evitar un reconocimiento.

–La persona que requiere de nuestros servicios trabajó con Slave y conoce todo el trasfondo de su investigación. Slave modificó el mapa entregado a las autoridades, organismos gubernamentales y médicos porque había descubierto algo importante que podía cambiar el destino de la humanidad. Con el fin de apropiarse y hacer suyo el descubrimiento, estuvo trabajando junto a un reducido grupo de especialistas en algo que llamó G23. La secuencia de ADN del genoma humano está dividida en fragmentos que conforman los 23 pares de cromosomas distintos de la especie humana, y éstos a su vez poseen entre 22.500 y 25.000 genes distintos. El G23 es uno de estos genes, que al ser modificado, puede generar una completa inmunización en los seres humanos. No es que una persona podría ser eterna, ya que si es alcanzado por una bala sin duda va a morir; el descubrimiento de Slave tiene la ventaja de hacer inmune a cualquier ser vivo ante las enfermedades más mortales del mundo y de las que no se tenía la vacuna. Y lo mejor es que tiene la propiedad de sanar las células enfermas y lograr una pronta recuperación en aquellos infectados. Se podrán imaginar el valor que tiene esto, y no hablo de dinero solamente; quien conozca la manera de hacerlo, será considerado la persona más poderosa del mundo entero.

Las imágenes cesaron. Remis dirigió su vista a cada uno esperando reacciones. Fue Eyni quien se levantó de la silla y comenzó a caminar de un lado a otro.

–Sería una luz de esperanza para millones de seres humanos. ¿Cuál es la idea entonces? ¿Qué debemos hacer? No sé de qué lado ponerme, y creo que a los demás les pasará lo mismo. ¿De qué lado de la vereda nos vamos a colocar si aceptamos? No quisiera ser el verdugo de un mundo que pide a gritos un poco de paz. Y no quisiera imaginar qué uso se le dará si llegase a las manos equivocadas.

Micaela y Aron observaron a Remis esperando las respuestas. Remis se sentó y colocó ambas manos sobre sus sienes. En su fuero interno se debatían cuestiones morales e ideológicas sobre la posición que debía tomar: héroes o villanos.

–Comprendo a la perfección tu postura, Eyni. Y sé que Micaela y Aron no quedan ajenos a tu cuestionamiento. Nuestro contratante nos pagará con un cheque en blanco y nos brindará toda la información que necesitamos para obtener lo que sea que debamos encontrar. No confío ni en mí mismo, lo saben, y no sé cuál será la finalidad de nuestro contratante. Opto por aceptar el encargo y hacernos con los detalles para alcanzar nuestro objetivo, y luego hacer lo imposible para que esto llegue a cada ser sobre la tierra. ¿Están de acuerdo? –preguntó Remis.

Los tres levantaron la mano derecha y dijeron “sí” a la vez.

–Sería bueno que ya mismo te pongas en contacto y solicites la información. A partir de allí quedará en nosotros la manera de llegar al objetivo. Siempre soñé con hacer algo así y no pienso dejar este mundo sin tener la oportunidad de hacerlo –respondió Micaela.

Remis asintió con la cabeza y marcó un número telefónico. Al cabo de un instante comenzó a hablar con su contratante. Mientras recibía las indicaciones y los detalles, el resto del grupo debatía en voz baja la cuestión. A los diez minutos, Remis cortó la comunicación y se sentó.

–Efectivamente, Slave desarrolló una vacuna que actúa directamente sobre el gen que inmuniza un organismo. Se encuentran dentro de seis envases isotérmicos almacenados en una bóveda dentro del edificio donde fue desarrollada. La misión consiste en obtener esos envases y trasladarlos hasta un punto que me será informado una vez que tengamos los seis envases. En breve recibiré un correo con los planos y los detalles a tener en cuenta.

Cuando iba a continuar, un sonido indicando la entrada de un nuevo correo electrónico en su celular lo interrumpió. Remis extrajo un cable USB para conectarlo a la pantalla. Las imágenes fueron apareciendo una a una. Aron se acercó para ver mejor y a medida que las fotografías y los planos aparecían, asentía con la cabeza como sabiendo de qué se trataba. Al llegar a la última, su rostro se tornó escéptico, dubitativo. Remis, ante la vista desconcertante de los demás, se tomó la cabeza con ambas manos; algo no andaba bien, y eso significaba que la misión pendía de un fino hilo. Aron se levantó y les dio la espalda durante los segundos que tardó en procesar cada imagen. Sin dudas era el indicado de decirle al resto qué sistemas debían violar para ingresar al edificio. El resto no sería un problema; tenían entre sus filas a especialistas de combate que podrían eliminar todo ser vivo de la escena.

–Dando por hecho que la guardia externa e interna no será impedimento para llegar a la bóveda, las tres puertas que debemos traspasar tienen un sencillo mecanismo de apertura mediante un código de siete dígitos que puedo obtener con el equipo que tenemos; el problema es el ingreso a la bóveda donde están las  vacunas. Además de un sistema de apertura similar a los demás accesos, tiene un escáner de reconocimiento facial. Este mecanismo hace un escaneo tridimensional del rostro, lo procesa y mediante una comparación con el modelo previamente guardado en una base de datos, identifica a la persona y activa el mecanismo de apertura.

Micaela se levantó y se dirigió al grupo.

–Supongo que el único autorizado para ingresar es Malcon Slave. No sería problema, una vez adentro, llevarlo por la fuerza hasta el detector y abrir la bóveda. Luego…

–Slave fue asesinado, lleva 48 horas muerto. Me lo acaba de decir mi informante.

El silencio se adueñó de la sala. Nadie sabía qué decir ni se le ocurría otra manera de entrar. Fue Aron quien golpeó la mesa con una sonrisa dibujada en el rostro.

–Si lleva 48 horas muerto su cuerpo todavía está en una morgue policial. Amigos, conozco a una persona que posee un equipo sofisticado de escaneo en 3D. Esta nueva tecnología está en constante desarrollo y déjenme decirles que el producto final es sorprendente.

–Pero no podemos andar cargando un cuerpo por toda la ciudad –interrumpió Remis.

–La nueva tecnología desarrolló un escáner móvil del tamaño de una tablet llamado “Sense”. Una vez finalizado el escaneo completo, guarda toda la información en una memoria interna, que luego, conectando el aparato a una impresora 3D, en menos de dos horas nos dará el producto final a tamaño real.

–¡Excelente! ¿Cuánto tardas en conseguir el equipo, Aron? –quiso saber Remis.

–En una hora nos encontramos en la morgue para hacer el escaneo, a medianoche nos reunimos en las inmediaciones del edificio donde está la bóveda. ¿Están de acuerdo? –respondió con seguridad.

–¡Manos a la obra!—dijo Eyni poniéndose un saco.

Malcon Slave estaba sentado en la camilla; no por propia voluntad, sino porque Eyni lo sostenía para que Aron hiciera el escaneo de su cabeza. En la puerta de la morgue, Micaela les hacía señas para que se apuraran, mientras apuntaba con una pistola al encargado de la sección donde se encontraba el cuerpo de Slave. El aparato hizo un pitido y la información comenzó a diagramar un modelo en 3D listo para ser impreso. Aron asintió con la cabeza, Eyni dejó el cuerpo en la posición y cerró la puerta del sitio refrigerado.

–¿Y ahora? –quiso saber Micaela.

–Estoy enviando el archivo a mi amigo para que comience con la impresión del modelo. ¡Había olvidado que esta belleza tiene conexión a internet! –contestó Aron besando el escáner móvil.

Los tres salieron sin ninguna complicación. Remis los esperaba con el furgón en marcha. Una vez que llegaron a una zona segura, los cuatro se acomodaron en la parte trasera. Estaba equipada con antenas satelitales, pantallas de alta definición, varios ordenadores y una mesa de trabajo donde estaban colocados los mapas del edificio donde estaba la bóveda.

–Bien, repasemos el plan. Durante la noche, los métodos de seguridad son menores respecto al día. Hay 2 guardias fuertemente armados en la entrada al predio ubicado a 300 metros del edificio principal. Allí es donde está ubicado el primer sistema de apertura con un código de seis dígitos –comenzó a decir Remis señalando el mapa satelital en una de las pantallas.

–Puedo darles en la frente a esos dos con un lapso de tiempo de 0,7 segundos como máximo y a una distancia mayor a 500 metros –dijo Micaela.

–En 7 segundos puedo abrir la verja de entrada colocando el código –dijo Aron.

–Bien, a partir de allí tenemos que arrastrarnos hasta las inmediaciones usando la vegetación para ocultarnos. Ya tengo preparado el equipo de asalto con las gafas de visión nocturna. Luego que Aron active el primer mecanismo con el código, cortaré la tensión del edificio. Aunque posee un sistema de alimentación de energía independiente que alimenta sensores, cámaras y mecanismos de seguridad, eso le quitará iluminación a varios sectores donde nos apostaremos para actuar desde las sombras. A partir de allí, tenemos un minuto para que el sistema de cámaras se reactive. En ese lapso deberíamos estar frente a la bóveda con el modelo de la cabeza de Slave para ingresar, tomamos las vacunas y salimos lo antes posible. La salida será más violenta que la entrada; cuando las cámaras muestren las imágenes de nuestro paso por el edificio, los demás guardias saldrán a detenernos.

Cuando estaba por continuar, unos suaves golpes en la chapa del furgón lo interrumpieron. Aron la abrió, y alguien desde el exterior le pasó una mochila con algo del tamaño de una pelota de futbol dentro. Todos quedaron sorprendidos por lo que veían. Slave parecía observarlos. La impresión en 3D a base de polímeros era increíble.

Repasaron el plan hasta que el reloj pulsera de Remis le indicó mediante un pitido que era hora de ponerse manos a la obra. La primera fase salió según sus cálculos; los dos guardias apostados en la verja de entrada sólo sintieron cómo las balas del fusil de Micaela surcaban el aire antes de perforarles el cráneo. Aron corrió con su equipo tecnológico y logró abrir. Los cuatro se arrastraron varios metros y se ocultaron detrás de los árboles, Remis se abrió un poco más hasta acercarse al tablero de energía. Cuando las potentes luces se convirtieron en una iluminación tenue, comenzó una verdadera balacera donde varios guardias cayeron sin comprender a qué se enfrentaban. La segunda puerta de acceso se abrió y los cuatro lograron ingresar al edificio. Se trasladaron a través de un corredor eliminando a la guardia interna que fueron apareciendo. Remis se valía de un mapa para guiar al resto.

 –¡Abajo! ¡Izquierda! –gritaba con todas sus fuerzas.

Descendieron un nivel y atravesaron un corredor que estaba a oscuras. Micaela logró detener a dos guardias fuertemente armados que los habían sorprendido por detrás mientras Aron introducía el código de la última puerta de acceso. Cuando la puerta emitió un pitido y pudieron oír la apertura del mecanismo, Remis les hizo señas para que se dirigieran a la derecha. A escasos 30 metros, y antes de toparse con cuatro guardias más, se encontraron frente a la bóveda que contenía en su interior lo que habían ido a buscar. Mientras Aron colocaba el código y la impresión en 3D de la cabeza de Salve, el resto cubría su espalda ante la amenaza de los guardias pisándoles los talones. Aron colocó el modelo en el lector, y luego de procesar la información, la puerta se abrió de par en par. Aron reemplazó el lugar de Remis que era el encargado de extraer las vacunas y colocarlas dentro del recipiente isotérmico para trasladarlas.

Dos horas después de haber salido del edificio, la vacuna desarrollada por Slave se encontraba en manos de las personas encargadas de producirla en masa. Los medios de comunicación se encontraron con la noticia que rápidamente recorrió el mundo brindando esperanza a toda una población que volvió a creer en los milagros.

Cuando la policía acudió a un llamado anónimo y se encontró con un edificio colmado de cuerpos sin vida, se sorprendieron al ver una cabeza hecha de un extraño polímero junto a la inscripción: “Fue necesario”.

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